Cómo entrenar a un perro para el tiro

Existen diversas opiniones sobre cuál es la mejor edad para empezar con el entrenamiento de un perro de tiro. Muchos piensan que desde joven es mejor, aunque puedes enseñar perfectamente a un perro adulto esta actividad específica.

De todos modos, tendremos en cuenta que lo que un cachorro aprende hasta los 112 días no lo olvidará nunca, así como que no sólo nos ocuparemos del entrenamiento físico, sino también del mental. Durante esta primera etapa, el perro debe aprender a socializarse y a adquirir estabilidad mental.

Nunca utilizaremos castigos ni ninguna técnica aversiva, con el fin de que el cachorro no adquiera asociaciones negativas respecto al adiestramiento y que éste no se convierta en desagradable.

Esto sólo nos llevaría a conductas de evitación y a un mayor estado de ansiedad si le obligamos a continuar con el ejercicio. Tanto si es cachorro como si se trata de un perro adulto, adapta el entrenamiento al perro en cuestión y no intentes presionar demasiado al inicio, sé paciente.

Procuraremos habituarlo, de forma gradual, con todo lo que tenga que ver con el material que utilizaremos en el adiestramiento: collares, línea de tiro, arnés, bicicleta, patín… empezaremos por las situaciones de menos estrés para ir aumentando la dificultad poco a poco. Podemos hacer que el cachorro pasee al lado de una bicicleta, que se suba al patín, que juegue con la línea de tiro o el arnés, etc… Todo esto debe tener una duración mínima, la capacidad de atención del cachorro es limitada. Si resuelve todos esos estímulos de forma satisfactoria, animaremos al cachorro con el tono de voz, jugaremos con él o le ofreceremos comida, no olvidemos que lo que intentamos es potenciar la áreas intelectual, física y temperamental del cachorro. Todas estas experiencias enriquecerán enormemente a nuestro cachorro atleta y, cuando sea adulto, podrá resolver las situaciones de estrés de forma satisfactoria. Un perro adulto que no ha pasado por esta etapa, ante cualquier estímulo desconocido, como puede ser el arnés o el ruido de un patín moviéndose detrás de él, tratará de evitar la situación, llegando incluso a grados altos de ansiedad. Sería una pena que, teniendo un cachorro con rasgos heredados excepcionales, no tenga la posibilidad de expresarlos al no haber pasado por un proceso inicial de socialización, potenciación y habituación correctos. Lo que buscamos es un perro sólido y seguro de sí mismo. Unido a todo lo anterior, en esta primera fase podemos potenciar todos los rasgos del cachorro que nos interesen en un futuro: le recompensaremos cuando tire con fuerza de la correa, cuando corra delante de nosotros, etc…

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Cuando el cachorro tenga ocho o nueve semanas, podemos sacarlo a pasear libremente fuera de su zona de trabajo habitual, dejando que satisfaga su curiosidad. Poco a poco lo iremos exponiendo a olores y sonidos, conforme él lo vaya pidiendo.

Alrededor de la décima semana de edad, comenzaremos el entrenamiento individual de cada cachorro, en caso de que éste hubiera estado con sus hermanos hasta ahora, así conseguiremos un mayor vínculo con él y fomentaremos su individualidad.

 Cuando el cachorro empiece a correr con el arnés, meteremos el comando “¡GO!” y cuando paremos, “STOP”. Crearemos situaciones de parada y arranque cada vez que paseemos, para reforzar estos comandos. Recuerda que todas estas actividades se deben hacer bajo un ambiente de juego y entrenamiento.

 Marcaremos un recorrido que tenga giros con cintas y, con nuestro perro atado corriendo delante de nosotros, antes de coger un giro a la derecha, moveremos la línea de tiro hacia ese lado al mismo tiempo que metemos el comando “¡GEE!”. Ayudaremos al perro girando nosotros también y tan pronto él, por iniciativa propia, realice el cambio de dirección, lo felicitaremos efusivamente. Cuando comprenda el giro a derecha, empezaremos con el giro a izquierda bajo el mismo procedimiento y el comando “¡HAW!”. Si queremos que el perro continúe recto, utilizaremos el comando “¡ON-BY!”. Meteremos estos comandos de forma eventual en nuestro entrenamiento.

Entre las dieciséis semanas y los ocho meses, cuando el cachorro es físicamente maduro para tirar de un trineo, deberemos seguir con su socialización, jugando con ellos, dando paseos atados a la correa, o corriendo sueltos a nuestro lado mientras estamos entrenando con un perro adulto.

También puedes entrenar a un perro adulto, que esté físicamente maduro y apto para tirar, pero que no haya pasado por ningún tipo de entrenamiento previo para ello, utilizando las mismas técnicas que con el cachorro. Aún así, no debemos olvidar que cada perro es diferente, así que no todas las situaciones y acciones son válidas. Lo mejor y más fácil sería añadir al perro a un equipo ya experimentado; aprendería muy rápido corriendo al lado de un perro veterano.

Contactar con un musher experimentado, ofreciéndole tu ayuda, puede servirte de mucho. Ver cómo preparan al equipo, además de todo el proceso de entrenamiento, te dará un montón de ideas para empezar con el tuyo.

El proceso de positivización del arnés también es muy importante. Se lo presentaremos al perro, dejaremos que lo huela, lo escondemos y premiamos con comida, tono de voz o caricia. Repetiremos esta acción varias veces. Posteriormente pasamos ya a ponérselo, volvemos a premiar y, cuando el perro se sienta tranquilo con él, se lo quitamos, intentando que, paulatinamente, pase más tiempo con él puesto. Después de varias sesiones repitiendo esto y cuando notemos un proceso de habituación y asociación positiva al arnés, uniremos una línea de tiro al mismo y saldremos a trotar. Lo mejor es que el perro vaya delante de nosotros, sin parar durante un tiempo.

Todo esto debería ser un entrenamiento más que un juego para el perro pero, aún así, debe ser lo suficientemente divertido como para que se queda con ganas de repetirlo la próxima vez.

Podemos hacer esto también con dos correas, una unida al collar y otra al arnés; empezaremos a andar sólo con la tensión en el collar pero, una vez que él tire y nosotros nos situemos detrás, eliminaremos la tensión de la correa del collar y la pasaremos a la del arnés.

Durante el entrenamiento pueden aparecer diversos problemas: si el perro no quiere ir delante de nosotros, probaremos otro día en el que se sienta más animado o cambiaremos el lugar de trabajo por otro en el que el perro se interese más por él que por nosotros. El perro tímido, que muestra conductas de evitación al arnés, es el que más necesita nuestro apoyo emocional. Intentaremos ponerlo con firmeza pero de forma suave en su posición, al tiempo que lo alentamos con el tono de voz; muéstrate calmado y no castigues al perro, ya que un tono de voz muy severo puede agravar la situación.

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En mi opinión, trabajaría con más ahínco el que el perro aprenda a tirar a que aprenda a ir rápido. Todos los perros son lo suficientemente rápidos por naturaleza, si aprenden a empujar con fuerza de la línea de tiro, lo harán a cualquier velocidad que se propongan. De todas formas, al principio es recomendable entrenar a bajas velocidades, ésta llegará poco a poco.

Si el perro se siente tentado a parar, soltaremos la línea y nos alejaremos unos pasos, quedándonos a una distancia en la que el perro nos vea y lo animaremos a acercarse, cuando lo haga, volveremos junto a él y cogeremos de nuevo la correa. Si el perro aumenta la velocidad, aprovechamos para darle mayor distancia a la misma.

Una vez que tenemos perros aptos para tirar, debemos establecer una planificación del entrenamiento. Durante el verano (meses de agosto y septiembre) y si la temperatura lo permite, trabajaremos entre dos y cuatro quilómetros, centrándonos en la musculación, disciplina y no en la velocidad. En otoño aumentaremos la distancia a cuatro u ocho quilómetros entre tres y cuatro veces por semana, la musculación sigue siendo nuestro objetivo. Con la llegada del invierno es cuando comenzaremos a trabajar la velocidad con distancias que pueden llegar a los diez quilómetros. Una técnica para trabajar la velocidad es parar unos cuantos metros antes de llegar a la zona donde finalizará nuestro entrenamiento (500 metros apróx.) y darle un gran descanso a nuestros perros. A partir de ahí, ellos mismos iniciarán con mayor vigor su regreso “a casa”, metemos el comando “¡SPEED-UP!” y, al finalizar, los reforzamos con un apetitoso trozo de comida o tono de voz efusivo. Una vez que los perros aprenden esta rutina, puedes reducir el tiempo de descanso. Otra forma de trabajar la velocidad es mediante el entrenamiento por intervalos: hacemos correr a nuestros perros rápido durante un quilómetro y paramos a descansar. Una vez que el perro va ganando en consistencia, la distancia aumenta y el descanso disminuye. Aprende a leer a tu perro, algunos se estresan con este tipo de entrenamiento. Ten mucho cuidado con la exigencia de la velocidad, nunca la busques si tus perros no están bien musculados o no muestran el suficiente entusiasmo. Sólo queremos perros felices, relajados y que amen correr.

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